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Linchamientos son el reflejo de la ausencia del Estado en Venezuela

El sociólogo Luis Cedeño advirtió que se debe hacer un monitoreo en la recurrencia de los hechos, porque las autoridades pueden perder el control de la situación.

Desde la tarde del domingo pasado el video se volvió viral. Las imágenes captadas por un teléfono celular en las que se oyen toda clase de insultos y groserías, y en las que se ve a un hombre tendido en el piso, con la cabeza reposada sobre un charco de sangre, son el mejor testimonio de lo que viene sucediendo en Venezuela, cada vez con más frecuencia, y en distintas locaciones: el desespero de una población hambrienta de justicia, convertido en linchamiento.

Dentro de las estadísticas de delitos del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas, el linchamiento aparece como una de las subcategorías de los homicidios, y es investigada como tal, pero hasta los momentos, ninguna autoridad en el país ha hecho referencia al incremento de los casos en lo que va de año. Tampoco se sabe cuál es la cifra oficial de casos registrados por la policía científica, pues como todas las demás estadísticas, son ocultadas.

Algunos medios hablan de hasta 30 casos ocurridos, durante los primeros ocho meses del 2015, pero la realidad es que son muy pocos en los que apenas se llegan a conocer vagos detalles sobre quién es la víctima del linchamiento, o qué se supone que hizo para que la colectividad reaccionara de ese modo. En todos, ha sido claves el uso de las redes sociales para que la gente se entere de lo ocurrido.

Lo cierto, es que el clamor de la población por la falta de justicia o de castigos ejemplarizantes para los delincuentes, se ha convertido en el leitmotiv para que se repitan en el país, cada vez con más frecuencia, episodios tropicalizados de la obra literaria Fuenteovejuna.

“Linchamientos siempre han existido en el país, pero antes se veían cuando se trataba de delincuentes que cometían cierto tipo de actos que causaban mucha conmoción en la población, como los delitos sexuales, o delitos contra niños, donde la gente reaccionaba de manera violenta y tomaba cartas en el asunto, ante la impunidad. El problema es que ahora, a cualquier delincuente que consigan robando, a cualquier ratero, la gente lo quiere linchar, y eso es por la exacerbación de la violencia, y porque la gente está cansada de la falta de respuesta de la autoridad”, explicó el sociólogo Luis Cedeño, director de la ONG Paz Activa.

Aquí fue

La particularidad del incidente del sábado, que fue registrado en video que ahora circula en Facebook, es que el hecho ocurrió nada menos que dentro de la estación del Metro de Los Cortijos, ante la mirada cómplice de los usuarios, y hasta de un par de funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana que tuvieron que intervenir, para que no mataran a golpes al hombre que supuestamente había intentado robar a una señora.

Al fondo se oye la voz de los operadores del subterráneo cuando hacen un llamado a “colaborar con el personal operativo y el personal de la Policía Nacional”; se ve a la gente acelerar el paso en el andén sin saber bien qué es lo que ocurre en la parte alta de la estación.

Al final, la PNB interviene y se lleva al hombre ensangrentado, mientras que la gente continúa gritando que lo suelten para darle “su merecido”. Es todo lo que se sabe del caso en cuestión.

Pero entre los episodios reseñados por los medios de comunicación venezolanos, se han reportado agresiones contra presuntos delincuentes en urbanizaciones como Montalbán, La Candelaria, Los Palos Grandes, El Rosal, Lomas del Ávila, varias veces; Los Ruíces, Catia, y también se han registrado casos en otros estados como Carabobo, Táchira, Anzoátegui, Aragua y Sucre.

“Las autoridades deben hacer un monitoreo agudo de la situación y su recurrencia, porque básicamente se les puede salir de las manos. Podemos llegar al punto en el que no habrá autoridad que pueda intervenir para frenar que estas cosas sucedan, en cualquier momento”, advirtió Cedeño.

¿Quién los investiga?

Dentro del Código Penal Venezolano el delito de homicidio está tipificado en varias categorías, según el modo en que haya sido cometido, pero no existe el linchamiento como tal. Sin embargo, la abogada penalista Claudia Mujica explicó que cuando concurren varias personas en un mismo hecho, existe agavillamiento, y se aplica la figura de la complicidad correspectiva, por lo difícil de determinar quién fue el que mató a la víctima.

“Lo adecuado, cuando actúa un tumulto de gente enardecida, es proceder a aprehenderlos a todos, y es a través de las declaraciones que puedes quizá tener una idea de lo sucedido, para tratar de establecer las responsabilidades, porque siempre hay uno que incita y otros que siguen”, explicó la jurista.

La experta señaló que solo mediante exhaustivas investigaciones en las que se precise cuál fue el golpe o la lesión que le provocó la muerte al delincuente y no se pueda individualizar la responsabilidad, en caso de linchamiento, lo que procede es sancionar a todos los responsables como cómplices.

Sin embargo, la realidad es que dentro de estos hechos, generalmente las autoridades siempre llegan al lugar después que las personas han actuado y es se vuelve complejo hacer una investigación precisa de lo sucedido, a menos que, como en el caso del Metro, haya registros de videos o fotográficos del momento en que se cometió el delito.

“El linchamiento es un comportamiento de masas donde se desdibuja el individuo, donde la gente no asume su propia moral, sino la de un colectivo, lo cual tampoco implica que eso está bien, pero es la reacción de un conglomerado de personas, actuando a falta del Estado, a consecuencia de la impunidad, en demanda de respuestas”, comentó Cedeño.

Uno de los expertos en casos relacionados con seguridad y violencia, que ha tocado el tema de los linchamientos en las zonas populares de Caracas, desde hace varios años, es el sacerdote Alejandro Moreno, quien recientemente en una de sus columnas, publicada en el diario El Nacional precisamente hacía referencia a la recurrencia con la que se están presentando estas agresiones.

Moreno señala en el texto publicado el pasado 7 de julio que entre sus archivos había contabilizado 5 casos en todo el 2014, pero que para finales de junio tenía siete casos con nueve víctimas.

“A lo brutal del hecho hay que añadirle la extrema crueldad de la forma: rociados con gasolina y quemados, desmembrados y en el mejor de los casos apaleados. La gente está harta, dicen. Cierto; harta de vejación, de impotencia y sobre todo de impunidad. Por eso recurre a ejecutar por su cuenta la venganza-justicia”, dice el texto publicado en el diario venezolano.

Precisamente a ese punto hace referencia Cedeño, pues considera que es precisamente la ausencia del Estado la que propicia que la ciudadanía opte por aplicar el ojo por ojo, solo que en la actualidad, la agresión contra el delincuente se ha vuelto cada vez más desproporcionada que el delito que haya podido cometer, como tal.

“Podrá estar hasta la coronilla de frustración, pero nada de eso justifica los linchamientos. No sólo violan el derecho a la vida del delincuente, sino que vuelve criminales a los que no lo eran, corrompe su conciencia, pone en peligro a muchos inocentes y va formando en la sociedad la percepción de que es justo hacerlo, porque no hay quien ponga coto a la inseguridad”, escribió el sacerdote en su columna

 

Fuente: El Estímulo (Thábata Molina)

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