La policía que queremos y merecemos

  • Política Policial y Militarización de la Seguridad Ciudadana.

El gran problema que representa la actividad delictiva se debe a una multitud de causas, y el sistema de policía juega un papel importante en el modelo multifactorial de la seguridad. El modelo policial implementado en Venezuela siempre ha sido uno reactivo/represivo sujeto a intereses políticos. El más notable fue la Seguridad Nacional, que funcionaba como policía política (1948-1958); su función era la de vigilar a líderes oposición, torturar y encarcelar cuando lo consideraban necesario. Modelo que se reprodujo en cuerpos como la Dirección General sectorial de Servicios de Inteligencia (DISIP) actualmente el Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN). Es un modelo represivo diseñado para mantener el status quo del gobierno de turno donde prevalece el modelo de seguridad nacional sobre el de seguridad ciudadana.

En el 2006, el gobierno nacional realizó un esfuerzo único para evaluar el sistema policial en Venezuela. La Comisión Nacional para la Reforma Policial (CONAREPOL) sobrevino sobre tres casos claves que sacudieron a la opinión pública. La masacre en el barrio Kennedy, con la ejecución extrajudicial de estudiantes. Una investigación condenó a más de 23 agentes de policía. El segundo caso se refiere al secuestro y asesinato de los tres hermanos Foudoul, así como su chófer. El tercer y último caso giraba en torno al secuestro y posterior asesinato de Filippo Sindoni, reconocido dueño de una compañía local de pasta. Autoridades señalaban que cerca del 20% de todos los delitos contaban con participación de funcionarios policiales.

A 10 años de este esfuerzo, pocas cosas se han logrado. Una de las conclusiones extraídas de estos estudios fue la necesidad de crear una Policía Nacional que serviría como fuerza unificada para la investigación de la delincuencia a escala nacional y ayudar a la policía local y estatal. Se necesitaron tres años para que se aprobara la ley y en 2009 finalmente permitió que la Policía Nacional naciera. Como muchas instituciones durante el régimen de Chávez, que tenía que tener el sello de la revolución y en contra de las recomendaciones de muchos, la nueva policía nació con el apellido Bolivariana. Chávez se aseguró de que la formación de la nueva policía respondiera a la ideología revolucionaria y a un mando centralizado militar. Las instituciones creadas por la nueva ley de policía incluyeron Policía Nacional Bolivariana (PNB)  y la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad (UNES). Hubo algunas disposiciones sobre cómo los diferentes niveles de la policía deben operar y coordinar los esfuerzos; cosa que no se vio en la práctica.

El mejor ejemplo de esto es Caracas. Se divide en cinco municipios, cuatro de ellos están bajo control de la oposición, y el más poblado y con mayor criminalidad, Libertador, es un bastión chavista. La policía del estado de Miranda también cubre esos cuatro municipios bajo su jurisdicción, y la PNB tiene jurisdicción sobre toda la zona metropolitana. Esos son siete cuerpos de policía que trabajan en Caracas con poca o nula colaboración entre ellos.

  • Retos al Modelo Policial Civil.

Hay muchos retos para el servicio policial en Venezuela. La Guardia Nacional Boliviana (GNB) debe cesar sus funciones de policía. A pesar que la Constitución permite utilizar las fuerzas armadas en funciones de seguridad ciudadana, es sólo como último recurso cuando la policía civil es sobrepasada en capacidad en situaciones de emergencia nacional. La participación continua del ejército en la política policial y penal ha tenido un resultado negativo en general. Las Operaciones de Liberación del Pueblo (OLP´s) son un ejemplo vergonzoso de mano dura, donde el modelo militarista de ´dar de baja´ presuntos delincuentes, legalizando de facto la pena de muerte en Venezuela, es clara violación de los Derechos Humanos. Esto a su vez ha debilitado el sistema policial nacional. La participación del ejército también ha desviado recursos que de otra manera se pudieron haber invertido en el fortalecimiento de todos los niveles de la fuerza policial.

Un cambio en la política criminal debe ocurrir. El modelo reactivo de trabajo destinado a la captura de los delincuentes debe reorientarse a las técnicas de prevención del delito. Aunque hay mucho que hacer en el área de control del delito, sería inútil si el sistema de justicia no mejora las tasas de impunidad para la mayoría de los crímenes y las cárceles cesen de ser universidades del crimen y base de operaciones del delito organizado. El cambio a un modelo que sea más proactivo, con un enfoque en la prevención del delito es necesario y la única medida a corto plazo con oportunidad de hacer un impacto notorio en las cifras de criminalidad.

  • La Policía que queremos.

El desarrollo óptimo de oficiales de policía, una carrera policial de valía y seguridad social, es una receta para el éxito de la política criminal. Esto sólo se puede lograr mediante la elevación de los salarios que atraigan a los mejores candidatos a las academias de policía. La promoción de programas de policía en las escuelas que expongan a los jóvenes a las actividades que realizan los agentes de policía atraerá nuevos reclutas también.

La mejora de las percepciones negativas que venezolanos tienen acerca de la policía debe ser un objetivo central de una política nacional contra la delincuencia. Los ciudadanos deben llegar a percibir la policía como aliados y no como agresores. La policía de proximidad y un cambio total de hacia la prevención del delito pueden alinear estos objetivos de una policía moderna. Cuando la policía junto a las comunidades trabajan y participar en actividades conjuntas, se crea empatía entre estas dos partes.

Pero lo más importante es la inversión. El actual presupuesto nacional destina alrededor del 1% a la seguridad ciudadana según Transparencia Venezuela. Esto es demasiado poco para hacer frente a uno de los problemas históricos que enfrentan los venezolanos según todas las encuestas. Invertir de forma extraordinaria en seguridad ciudadana versus seguridad nacional, no solo es una necesidad, sino un clamor nacional.

Artículo escrito por el Sociólogo Luis Cedeño para la Revista Zeta.

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