Hurto de cauchos y baterías: otro negocio negro de la crisis

La escasez e inflación generó que este delito menor se incrementara ferozmente, en estacionamientos y en vías públicas, según testimonios de afectados y de comerciantes de accesorios de vehículos.

Caracas. “¿Viste que en la madrugada se llevaron dos baterías en el estacionamiento?”, le comentó asombrada una señora a un vecino, mientras subían en el ascensor. El hombre, sin alterar su expresión y con dejo de ironía en la voz, le respondió: ahora tendremos que subir a dormir las baterías para la casa. Se abrió el ascensor.

En este mismo edificio, que los vecinos pidieron no identificar por seguridad, han hurtado varios cauchos, baterías e incluso motos durante las madrugadas. Los residentes que se han enterado suelen ser cercanos a la víctima, pues de lo contrario la noticia no corre por el edificio, y menos llega a oídos de la policía.

El hurto de baterías y cauchos de motos o carros se convirtió en el nuevo dolor de cabeza para quienes tienen el lujo —hoy en día— de poseer un vehículo. 10 minutos bastan para que delincuentes se apropien de ellos a la luz del sol o la luna.

“A un vecino que para el carro afuera de su casa se lo dejaron en bloques, le quitaron dos cauchos y los otros dos se los iban a llevar pero no pudieron sacarlos”, contó un vecino, quien prefirió mantener su nombre en reserva, de La Vega.

Este habitante de la calle La Zulia, en La Vega, estaciona su moto afuera junto con la de su hijo. Las amarran con cadenas y candados, y quedan a la buena de Dios, porque usar los estacionamientos que hay por el barrio pega en el bolsillo.

“Sé de otro vecino que solo le quitaron un caucho del carro. Muchos paraban en estacionamientos pero es demasiada plata y estacionan afuera de la casa, y los malandritos de la zona aprovechan”, comentó.

Las baterías para los modelos más comunes pueden conseguirse en la Duncan entre 85.000 y 102.000 bolívares, según un empleado con más de 17 años en la empresa, pero en el mercado negro cuestan partir de 120.000 bolívares y las de motos de baja cilindrada rondan los 70.000 y 90.000 bolívares.

“El año 2016 fue el peor, el más caótico, nos llegaba demasiada gente pidiendo baterías porque se las robaron. De 50 personas más de 20 venían por lo mismo”, destacó el empleado de la Duncan, quien no quiso identificarse.

Foto: Archivo

La crisis económica que atraviesa Venezuela ha generado que los delitos menores —como el hurto de piezas de vehículos—, que existían anteriormente en menor proporción, se incrementen ante la escasez e inflación.

De hecho, el presidente de la Cámara de Fabricantes de Productos Automotores (Favenpa), José Luis Hernández, declaró a Crónica Uno en noviembre de 2016 que la industria de autopartes de vehículos está a las puertas de la desaparición, ya que la producción de piezas ha caído 91%. Además, carece de insumos importados y nacionales.

Y así lo reflejan comerciantes de este rubro, quienes aseguraron que ya no pueden ofrecer la misma gama de repuestos y cuando los obtienen son muy caros. Incluso hay conductores que pasan días “parados” por la falta del repuesto.

“Acá han venido clientes que les han hurtado hasta el distribuidor, que ahora cuesta más de un millón de bolívares. También nos piden bastante las cocuyitas del guardafangos, las tapas de los distribuidores, es lo que más roban”, expresó desde la avenida Victoria un empleado, tras el mostrador, mientras el resto de sus compañeros atendía a una camada de clientes que solicitaban un producto que no había.

Del hurto al bachaqueo o beneficio propio

El director de la Asociación Civil Paz Activa, el sociólogo Luis Cedeño, explicó que este delito anteriormente ocurría por la falta de oportunidad pero ahora, tras la situación país, hay bandas dedicadas a esto.

“Son cosas necesarias y no hay disponibilidad por el alto costo. Se está generando un mercado negro por el contexto país: escasez e inflación”, dijo Cedeño.

Sostuvo que los afectados no denuncian por todo lo que implica ir a un cuerpo de seguridad y porque no hay credibilidad. Además, se trata de un delito difícil de controlar porque hasta un vecino del edificio puede hurtar un caucho o una batería a otro porque no tiene las posibilidades de comprarse uno.

 

Cedeño destacó que cada control que se propicie en la realidad actual generará una desviación y un mercado paralelo. “Todo tiene que ver con la política de Estado, si en Venezuela no existiese regulación no habría mercado negro ni escasez”.

Y es cuando los bachaqueros también hacen su agosto, aprovechándose de la poca cantidad que hay en el mercado y lo difícil que es obtener la mercancía, tal y como sucede con la compra de baterías, para la que los conductores debían pasar varias horas en cola.

Los comerciantes consultados también dijeron que los clientes buscan, aunque en menor cantidad, retrovisores, tapas de cauchos, faros, luz de cruce o antenas porque el hampa se las quita.

Pese a que las aseguradoras de vehículos con póliza completa cubren el hurto de accesorios, luego de un papeleo claro está, cada vez son menos las personas que tienen la posibilidad de asegurarlos.

Una fuente del sector indicó que en los últimos seis meses se ha registrado 40 % de pérdida de mercado y en los últimos 60 días se agudizó la situación.

Fuente: Crónica Uno

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