90% de asesinatos de policías se cometen para robarles sus armas

Según estadísticas extraoficiales, este año en Anzoátegui han muerto ocho policías. Estudiosos del tema creen que solo 10 por ciento de los casos ocurre por venganza.

En la contienda callejera venezolana, cada vez es más frecuente que los héroes de la patria sean asesinados a plomo. El hampa afinca el gatillo sin miedo cuando ve a un oficial. Se perdió el miedo. Los delincuentes también conocen la ineficiencia del sistema judicial: de cada 100 casos solo cinco son procesados, según distintas organizaciones. Así que aprovechan la oportunidad de “ganarse” una pistola o cualquier arma de guerra en un terreno que implícitamente lo tienen conquistado.

337 funcionarios policiales, militares y escoltas civiles fueron liquidados durante 2015, según la Fundación para el Debido Proceso (Fundepro). De esta totalidad, la Policía Nacional Bolivariana lloró a 46 efectivos, la Guardia Nacional Bolivariana perdió a 35 hombres, mientras que el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas preparó 31 entierros. En el caso de los cuerpos regionales, Poliaragua fue una de las que más muertes padeció, con 23 funcionarios caídos.

En Anzoátegui, según estadísticas extraoficiales recabadas por el diario El Norte, de distintos medios regionales ocho policías de distintos cuerpos de seguridad murieron a manos de la criminalidad común. Además, otros dos exfuncionarios también perecieron en encuentros violentos. Aunque no en todos estos casos los causales fueron el robo del armamento, el director de la organización Paz Activa, Luis Cedeño, estima que 90% de este tipo de homicidios se comete para despojar a la persona de su arma de reglamento. En el 10% restante, se observa venganza y sicariato como principales móviles.

El también sociólogo recuerda que hace siete años era absolutamente extraordinario este crimen. Con el pasar de los años y el aumento de la criminalidad –que sitúa a Venezuela como el tercer país más violento del mundo-, también se incrementó la cotidianidad de ver a uniformados tendidos en el pavimento con la vida escurriéndose por cada balazo. Antes, 15 o 20 policías eran ultimados durante un año. Ahora, sus pronósticos estiman que superarán los 300 casos anuales. Solo en Caracas, 69 familias de policías se han enlutado este primer semestre.

En nueve de cada 10 asesinatos, los efectivos estaban vestidos de civil. Esta es la estadística que maneja el criminólogo Carlos Bolívar. Sin embargo, recuerda que esto es violatorio a las normas de los cuerpos policiales, donde se les exige abandonar el armamento en el parque de armas cuando salgan francos. Pero el incumplimiento de la orden llama a la muerte. Para el criminal es más factible arrebatar una vida que pagar hasta cuatro millones de bolívares por una pistola.

Vecinos de malvivientes

Pero además de la preparación autodidacta de los hampones que se vuelven expertos en derramar sangre, los policías tienen la desventaja de ser vecinos del mal. El sociólogo Cedeño comenta que otro de los factores que recrudece este fenómeno es que los agentes conviven en los mismos espacios con los malandros, por eso los conocen bien. Entonces el funcionario tiene las opciones de corromperse, o ser víctima.

Aunque en algún momento en el país se planteó la posibilidad de hacer una especie de gueto para policías, posteriormente se descartó ante la revelación de que la solución real era darle oportunidades de calidad de vida a los cuerpos de seguridad. Aunque Cedeño subraya que después de todo, los errores no se han corregido.

Incluso, se han incrementado. El despliegue de la Fuerza Armada desde 1999 se convirtió en una tentación constante para el criminal. Ahora en las calles, las granadas ruedan como pelotas. El hampa común ha demostrado estar bien dotada en caso de conflicto bélico, pues muchas de las armas que portan son de guerra. Bien sea porque matan a los milicianos para conseguirlas o porque las compran al propio cuerpo de forma ilegal.

Sobre la prevención del delito contra funcionarios, recordó que efectivamente cada comandancia tiene restricción explícita de porte de arma en caso de que el funcionario esté libre. A excepción de la milicia que se rige por otras normas y permisos. Rodríguez admite que “toda la vida” se ha trasgredido el deber de soltar el arma una vez acabada la jornada.

Indolencia

Pocos venezolanos lloran a un policía. Según la organización Paz Activa, 70% de la población siente rechazo hacia los que deberían ser los héroes de la patria, capaces de defender a su sociedad de cualquier mal. Incluso el propio gobierno nacional no ha manifestado condolencias frente a los asesinatos de los servidores, a quienes arrebatan sus vidas simplemente para adquirir un arma.

Fuente: El Norte

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