El hambre y la rabia son el combustible de los saqueos

El estado Sucre lleva más de una semana en los titulares de las noticias nacionales. Protestas, cierre de vías y saqueos han pasado a ser la expresión de un pueblo que se cansó de comer mangos y arenques. La tensión llegó a su nivel máximo este martes 14 de junio, cuando Cumaná, la capital de la entidad, fue el epicentro de actos vandálicos que se prolongaron durante horas y dejaron como saldo un muerto, 400 detenidos y decenas de comercios saqueados en al menos ocho zonas distintas de la ciudad.

El reporte de la sección Sucre del Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV) arrojó un dato clave. Aunque hubo mucha participación popular en los saqueos, quienes los iniciaron fueron, en gran medida, grupos delincuenciales que se infiltraron en las manifestaciones.

“En esta gran obra del hambre, la población es el coro y quienes llevan la voz cantante son los que están entrenados en violencia y delito. Una persona normal no se atreve a romper un vidrio. Pero si llega otra persona que lo rompe, entra al sitio y saca algo, el padre de familia que tiene hambre también entra y busca comida”, afirmó Roberto Briceño León, sociólogo y director del OVV.

Pero la actuación de los delincuentes en estos saqueos no elimina una de sus motivaciones principales. Para dos sociólogos especialistas en temas de violencia, lo sucedido en Sucre es una expresión más de la rabia y la impotencia que se siente en el país a raíz de la escasez de comida. Esto a su vez se asocia con los más de 200 saqueos y conatos de saqueos que se han producido en el país en lo que va de año. Sólo en mayo se contabilizaron 86 sucesos contra supermercados, mercados populares, depósitos y transportes de alimentos.

En un comunicado del OVV, Briceño León destacó que los CLAP constituían un mecanismo de exclusión social y de segregación y que habían creado una “sensación de injusticia” en la población.

“Los CLAP son una manera de generar lealtad política mediante la distribución de la comida que deja fuera a los no afectos al Gobierno que hoy son la inmensa mayoría. Son una forma privada de distribución, porque los comités no son parte del Estado, pero sí tienen filiación política. Vamos hacia una protesta y molestia generalizada en el país con saqueos, estallidos y enfrentamientos cada vez mayores, ante los cuales la única alternativa que le queda al Gobierno es la represión”.

El momento de la tensión

Luis Cedeño, sociólogo y director de la ONG Paz Activa, relaciona los saqueos con la tensión social del momento actual, la cual está determinada por los medios que se utilizan para conseguir un fin.

“En este caso –detalló– el fin es la comida y el medio para obtenerla es el saqueo. Si el medio no está disponible, si es inaccesible, la tensión se incrementa porque esto significa que la gente no tiene los medios para alcanzar los fines”, sentenció.

Dentro de su análisis, el especialista incluyó otros factores que han impulsado los saqueos, como la ausencia de la autoridad y la matriz de la guerra económica, difundida desde el gobierno de Nicolás Maduro, que sitúa a los comerciantes y empresarios como los culpables del desabastecimiento y los altos precios. Por eso son ellos quienes sufren los ataques.

El “homo economicus” saquea

En cada saqueo, señaló Cedeño, hay promotores que incitan al acto vandálico. Estos suelen ser individuos que están fuera de la ley, tal como los que actuaron en Cumaná. Hay otros que son observadores, que están alrededor de los primeros y que pueden decidir el siguiente rol a cumplir en el momento. “Es ahí cuando se desdibujan los niveles morales, cuando bajan los niveles de tolerancia y se decide si se participa o no en el saqueo”, recalcó el especialista. Por último, hay otros que en lugar de actuar, permanecen como espectadores y sancionan o increpan a los saqueadores para ejercer un control informal.

Pero incluso quienes saquean, arrastrados o no por el comportamiento del grupo, lo hacen de una manera racional. Allí influye la postura del “homo economicus”, término con el que se designa al ser humano como elemento del proceso de la producción y el intercambio de bienes económicos.

Es en ese proceso que la racionalidad apunta no sólo hacia los bienes escasos, sino hacia aquellos que tienen más valor. Por eso, Cedeño consideró que los saqueos a tiendas que no venden productos alimenticios no pueden ser sacadas del contexto del hambre que se sufre en el país. Al final, el bien que se robe podrá ser también intercambiado por comida.

Fuente: RunRunes

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